Calor

Recuerdo que antes sólo quería congelar cada momento. Dejarlo inmóvil. Y que, así, desde fuera, pudiera observarlo con atención sin perder cada minúsculo detalle, cada respiración lenta, cada aceleración de mi pulso.
Pero ahora no. Ahora sólo quiero dejarlo correr, sentirlo difuso, imperfecto. Quiero olvidar la nitidez y centrarme en lo nublo. Quiero que sólo permanezca la confusión de mis sentidos, el temblor de mi corazón: la sensación de que vivo. De que estoy viva.