Pobre niña

las cenizas siguen
adornando el hueco de mi pecho
cenizas de hogueras consumidas
hace casi mil otoños
y cuando evoco el recuerdo
sólo me vienen retazos de ti
de mí
del viento
y del fuego que ardía dentro
¿a dónde huyó la llama?
¿quién extinguió la luz?
tal vez fue esa brisa
de la que tanto nos aferramos
pobre niña
pobre ilusa
mereció la pena
sentirla en el alma

Rosas

Y qué importa
el sabor
el olor
de las rosas
si tú naciste para mirar
lo que hay dentro
y
morirás sin tocarlo.

Mariposas

Parece que esos insignificantes detalles que volvían al mundo palpitante se deshacen con más violencia que las cenizas... Y es que ninguno de estos errantes que se hacen llamar seres llorarán por esta causa, que las antípodas quedan ya muy lejanas y que todo sigue su insípido curso. Si es necesario, que nos honre con su último suspiro, agonice y nos deje en los escombros más marchitos. Y en el caso de que estos cadáveres se dignen a transformarse, siempre lo harán a peor, siempre en polvo. Con cada amanecer la náusea que trepa por la garganta asciende un tramo más, los rostros que deberíamos olvidar se graban a fuego lento, y lo que tendría que cambiar permanece en una monotonía estática e impasible que oprime las arterias. Y no sé si soy yo o es el mundo. Si es el hastío que lo habita o las piedras las que cohíben. Sólo sé que hay algo que desentona, una melodía demasiado aguda que sobresale en esta oda. Así el silencio se gana el afecto...
Y que los cadáveres cesen de corromperse. De corrompernos. Sólo eso. Y más, más, más. Porque si hay algo que no basta es la vida y esto no es ni vida. Y si cada hueso de cada víctima culpable de su propio tedio sigue intacto, que alguien me diga dónde no se esconde la esquizofrenia. Y si dementes continuamos robándonos el aire unos a otros, ¿q
ué nos diferencia de la muerte? ¿Cuándo empezamos a quitarnos la vida que ni es vida?
Es impura coincidencia que el cielo, menos admirado que nunca, haya aumentado en negrura. ¿Y si esta danza macabra sigue con su recorrido infinito? ¿La esperanza conoció alguna vez tal desesperación?
Pero... dejémonos de quimeras, ningún poema va a transformar los cadáveres en mariposas.

Y no me refiero al ajedrez

Mira a esos idiotas que saben que son simples peones en una partida que nunca van a ganar. Lo saben y no hacen nada. Lo saben y no quieren cambiar.
Míralos y dime que serás tú. ¿Serás un alfil, una torre?
¿Ganarás esta partida?
Míralos y trata de no aplastarlos demasiado. Los pobres ni siquiera quieren jugar.

Nos conocíamos demasiado bien

Estaba sentada en la azotea de un piso de trece plantas, dándome la espalda. Sus piernas se balanceaban en el aire, cruzadas entre sí y formando innumerables curvas que se prolongaban conforme yo elevaba mi mirada y capturaba un centímetro más de su piel -creo que hasta ese momento no me había fijado en que podría haber tantas curvas seguidas en un mismo cuerpo-. El pelo azabache, lleno de enredos, apenas le llegaba a los hombros.
Yo me mantenía alejado, sin fuerzas para irrumpir en su mundo; quizá deslumbrado por él; lo más seguro que acobardado.

Me di cuenta de que era real cuando la vi moverse, colocando sus brazos hacía atrás y apoyando las palmas en el frío suelo. Y es que ella me resultaba tan intangible y su existencia tan absurda e improbable...
Parecía que estaba tomando el sol; un sol que no existía, ocultado por las densas nubes de febrero. Al rato giró la cabeza, permitiéndome observar su rostro por primera vez. Sus dientes rectos descansaban en su labio inferior, mordisqueado. El labio superior era una semicircunferencia casi perfecta, y digo casi porque su comisura derecha se arqueaba ligeramente hacia el lado, dándole un aire un tanto sarcástico. La nariz era finísima y de unos exactos cuarenta y cinco grados. Sus ojos inmensos del color de la absenta más impura miraban a cualquier lado. A cualquiera menos a mí. Se perdían más lejos de lo que nadie se ha perdido nunca, vagando en el más remoto de los mundos -y en el más deseado-. Me pregunté qué habrían visto esos ojos... Y como si fuéramos dos extraños que se conocen muy bien, supe que nada que mereciera la pena. Nada que la hiciera querer quedarse conmigo.
Entonces saltó.
A veces aparece en mis sueños. La veo balanceando sus piernas en el aire. Corro hacia ella desesperado y, cuando estoy apunto de agarrarla, salta antes de que llegue a rozarla.
Pero esta vez vuela, lejos, muy lejos. Porque no pertenece a este mundo.

Un vecino

(Basado en hechos reales)

Pues tengo un vecino. Sí, lo sé. Increíble. Bueno, pero no es un vecino normal. Es infumable (sobre todo porque intentarlo supondría una sobredosis de las buenas). Tendrá como unos veinticinco. Nuestra habitación está pared con pared. Supongo que si mi vida fuera una película se le acabaría la sal y llamaría a mi puerta a pedirme un poco. Yo estaría vestida en uno de mis pijamas más sexys (si es que eso existe) y lo demás os lo podéis imaginar. Pero mi vida no es una película (en absoluto). Así que... ronca y tal. Mucho. Muchísimo. DEMASIADO. Y se acuesta a las nueve. DE LA "NOCHE". Y ronca de nueve hasta quién sabe cuándo. A veces se echa una siesta (y ronca). Pero eso no le impide acostarse a las nueve. Qué va. He intentado ignorarle durante más noches de las que puedo recordar. Pero es duro. Muy duro.
Lo mejor es cuando golpea la pared quejándose de que tengo la música alta. Yo no me quejo de él (y eso que lo suyo no es música, ni sonido, ni nada que parezca sano).
Un día llamó a la puerta (no pedía sal).
Yo no estaba, contestó mi madre. Quién sabe qué pasaría. Pero ya no he vuelto a escucharle roncar. Tampoco se queja de la música. Dice que no quiere problemas.
Dios. Mi madre es el mismo Diablo.

My beloved one

I was told you would run away,
But I never thought...
Never thought it was just right
To be watching you
at night.
So if you were going to disappear
I would not be the one who closed the door
And whispered in your ear:
"I will never let you go".
'Cause I would.
I would let you pass through
Our beloved door.

(My beloved one
Since you are gone)