The world begins with you

Tanto, tanto tiempo buscando. Tantas calles aprendidas de memoria. Tanto vacío lleno de vacío... Sabes que tienes que encontrar algo que se ha perdido, o que directamente nunca has tenido entre tus dedos. Pero no sabes qué. Sólo sabes que hay algo ahí fuera, una pregunta o una respuesta. No sabes de qué color es o qué forma tiene, si te hará sentir completo... No sabes si alguna vez lo encontrarás.
Ni si quiera sabes si existe.
Y parece que la niebla a tu alrededor nunca se va a disipar. Parece que cada día hay más y más. Parece que no te puedes deshacer del gris que te oprime el pecho. Casi no puedes verte. Y tú, ¿quién eres? ¿Quién serás? ¿Qué has venido a hacer aquí? ¿Quién eres? ¿Qué tienes tú qué ver con el mundo? ¿Quién eres? ¿Por qué estás aquí?
Sin embargo, un día encuentras respuestas que ahuyentan al gris, a la niebla y al vacío. Un día encuentras tu atlas, te das cuenta de que no podrás saciar todas tus dudas, pero que al menos sabes que el mundo empieza contigo y que tú eres el único responsable de expandir sus horizontes.

From a distance

Siempre me ha parecido tan intangible... Como si su mente se escondiera en mil y un mundos diferentes.
Creo que lo peor es saber que no llegaste ni tan siquiera a rozar uno de ellos. Que no llegas. Que no llegarás.
Que nunca cruzarás esa frontera. 
Que al final os diréis adiós.
Y es que está tan cerca y a la vez tan lejos. Y es que casi le puedo tocar. Casi.
Pero es piel y huesos de otro universo.
Y sabes que al final os diréis adiós.

Fin

Érase una vez un cuento que, cuando sus tapas se abrían, hacía enmudecer a todos los niños. Los grillos paraban de cantar y las luciérnagas brillaban con más intensidad de la que se creía posible. Todos se revolvían alrededor de la hoguera, inquietos. Sí, porque también había una hoguera. ¿Qué es un cuento sin una hoguera en la que perder la mirada? Entonces, cuando el único sonido que se escuchaba era el rumor del viento, el narrador se humedecía los labios y deslizaba sus dedos sobre la primera y única página. Sí, sólo había una página, y estaba vacía. Pero eso era lo que lo convertía en el mejor cuento que jamás habían escuchado. Un libro tan especial que sólo necesitaba una página en blanco para transportarte a otros mundos. Una aventura infinita.

IV

La veo. Está mirando al faro, ensimismada. Le ha crecido el pelo en estos últimos dos años, ahora le cae ondulado por la espalda. No me ve. Suspiro. Esta vez sí es ella. Parece serena y eso me calma. Me acerco y sé que ella siente mi presencia, pero sigue inmóvil. Mantengo esos centímetros que nos separan, como si fueran viejos amigos. Como si siempre hubieran sido sólo esos pocos centímetros. La pausa se aferra a mis huesos, supongo que quiere seguir viviendo unos minutos más... Las olas rompiendo contra la base del puente son lo único que nos salva del silencio. De que el mundo vuelva a girar.
Su mano empieza a buscar la mía, despacio, insegura... Y yo se la doy y tiro de ella. Se da la vuelta y sigo sin soltarla. Suspira.


- ¿Qué hay con esos ojos? - creo que su voz está a punto de quebrarse. Su voz...

Y suspiro. Porque mi mundo ha vuelto a girar.


How would you stop the rain?

And what if I do not lose my breath,
neither my pupils dilate this time? 
And what if I stay plane in every turn
and every stab? 
And what if my beats never beat
but beat me down?
Tell me, what if... 

Is there anything wrong? 
Anything that I have to regret? 
Anything that I have to rewrite? 
And what if I do not feel cold again? 
What if you will not put your arms over my shoulders?
And... what if I decide to feel no more?

What would you do?
What would you remove?
Where would you kiss me so?

Por un tiempo

Siempre buscó una excusa para todos sus desalientos en la lluvia. 

Sabe que, aunque las gotas de lluvia no vuelvan a rozar su piel, seguirá empapada. Que aunque se quite la ropa y, desnuda, se observe en el espejo, seguirá temblando. Que aunque se seque el enmarañado pelo seguirá siendo oscuro como el ala de un cuervo. Y todo esto seguirá por un tiempo.

Pero en un futuro no.


Sabe que sus huesos entrarán en un calor que adormece, que cesarán los seísmos y que su pelo dejará de ser oscuro como el ala de un cuervo. Sus días serán cálidos, su pulso firme y su pelo será del negro de la golondrina. Lo serán por un tiempo.



Y el tiempo, el único que sabe lo que sucederá a continuación, permanece callado. No quiere estropearnos la historia...

La decimoquinta constelación más brillante del cielo nocturno

Y el dragón de escamas blancas rugió. Y su rugido traspasó valles, cascadas y montañas, sacudió el viento y zarandeó los sicomoros y los sauces, que dejaron de llorar. Su rugido alertó a los ciervos y a los conejos, a las libélulas y a las ranas. Atemorizó al mundo entero, a todos y cada uno de los seres que habitaban Virgo. A todos menos a Eli. A Eli no.
Y el dragón de escamas blancas abrió sus fauces y se abalanzó sobre ella. Pero Eli no se asustó. No Eli. Sino que alzó su pequeña mano intentando alcanzar su hocico e inspiró fuertemente antes de decir 
- Hola, Spica. - las orbes doradas del dragón de escamas blancas brillaron, curiosas. Pero no más curiosos que los ojos miel de Eli. Nunca más que los de Eli. - ¿Por qué no ruges otra vez, Spica? - y el dragón dejó de enseñar sus colmillos y descansó la cabeza sobre la húmeda hierba. 
Eli acercó delicadamente -pero con su usual determinación- aún más su pequeña mano, parándola en seco dos centímetros antes de lograr rozar sus escamas blancas. Spica parpadeó y volvió a mostrar sus afilados dientes, medio amenazantes. Fue entonces cuando Eli se aproximó veloz hacia ellos y los acarició, reflexiva. - ¿Sabes, Spica? He visto muchos mundos, más de lo que te podrías imaginar. Pero nunca había visto unos colmillos como estos. Son aún más blancos y afilados que tus escamas. - esta vez levantó su mano izquierda y rozó con las yemas de sus dedos las blancas escamas. Eli enseñó su sonrisa torcida y lobuna al dragón. Juraría por mi propia vida que esa sonrisa daba mil setecientas veces más miedo que la de Spica. Hasta juraría que el dragón sentía un poco de pavor, aunque mezclado con cierta curiosidad. Nada raro cuando se trataba de Eli. - ¡Eh, Pim! ¿Por qué no te acercas? ¡Spica es totalmente inofensivo! ¡Te lo prometo! - me dijo. El dragón de escamas blancas se giró hacia mí. No, no, no, me dije. Me escondí aún más, detrás del sauce gris y cerré los ojos. De pronto sentí un aliento cálido a mi alrededor. Maldición, Eli. Abrí el ojo izquierdo y juro por la Diosa que intenté con todas mis fuerzas no desmayarme. Eli me sonreía, subida al lomo de Spica. Maldición Eli, pensé.
Eso fue lo último que recuerdo antes de despertarme encima del maldito dragón, mientras volábamos hacia un nuevo mundo.


La fuerza de un "¿Qué pasaría si...?"

El corazón es un órgano estúpido. Late por inercia desde que nacemos y abrimos los ojos hasta que morimos y nos los cierran, sin ningún motivo, sin razón aparente. Sin buscar antes una causa y sin molestarse en fingir un pretexto. Y cuando parece que cobra vida y sus pulsaciones se disparan, cuando lo sientes en tu garganta (y en tu esófago), cuando albergas un hilo de esperanza... nada. Vuelve a su rutina, a su tik y a su tak. Vuelve a ser el reloj cuyo sonido hace mella en tu oído (pero nunca en el corazón). Y cuando llega el invierno se cree que merece hibernar y nos da de lado, palpita por palpitar, librándonos de esos pocos sobresaltos que tanto anhelamos. Para hacernos creer que sigue allí, pero no lo hace. Se ha ido.
Creo que este mundo esconde una fuerza increíble en los sitios más impredecibles y más extraños. La esconde como un tesoro precioso y sólo se te presenta si ésta, y su espíritu inocente, cree que debe hacerlo. Quizá si eres impredecible y extraño. O tal vez si no lo eres. Quizá si nadie conoce nombres para definirte.
Si tu esencia está por encima de las connotaciones.
Si tú... das ese calor de combustible infinito que ni el más frío invierno se atreve a apagar.

¿Qué pasaría si fueras así?
¿Te atreverías a acabar con las tormentas y los aludes?
¿Harías del invierno un lugar más cálido?
Un lugar donde el corazón no hibernara y encontrara su razón de latir...