Es un poco extraño. He pensado en ti muchas, muchas veces. Aunque ni siquiera sé tu cara. Aunque ni siquiera sé tu nombre.
He pensado en ti, mirando al techo.
He pensado en ti, cerrando el puño.
He pensado en ti y se me ha roto el alma.
Y el jueves pensé en ti. Pensé en ti más que nunca. Y grité hasta que me dolió la garganta. Grité hasta que las palabras se mezclaron unas con otras, y al mismo tiempo, cobraron cada vez más y más sentido.
Y no sé si tú estarías gritando o no, si tendrías fuerzas para despegar los labios. Solo sé que tu voz me llegó.
Tu voz nos ha llegado a todas.
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Vivas, libres, unidas
Sé que hay mil cosas que deben cambiar. Sé que todavía hay mucho camino
por recorrer. Pero no puedo evitar mirar atrás y que una extraña calidez
recorra mi cuerpo de pies a cabeza. Por primera vez miro atrás sin querer que te atraviese mi voz, sin querer que te veas en mis ojos y nazcas de nuevo. Por
primera vez, simplemente te miro, sentándome a tu lado, apretando tu mano con fuerza.
Y no importa si no puedes verme o escucharme. No importa si eres solo un
reflejo, un recuerdo. Solo quiero tenerte entre mis dedos un momento, contemplarte con un brillo nuevo en mis ojos.
Solo quiero decirte que cada día habrá más luz.
Solo quiero decirte que cada día habrá más luz.
Mamá
Siempre me dije
que yo lo habría hecho diferente, que duele no saber. Me prometí
ser paciente, escuchar las pequeñas cosas que la harán sonreír,
que la moldearán poco a poco. Y ahora, a veces suspiro, temblando
por la idea de que se nuble su vista, de que callen su voz. Y me
recuerdo y nos recuerdo y no sé nada.
Me escondía, y
me encontrabas, y ahora no sé dónde estoy y tú tampoco. Y yo solo
quiero que me encuentres bajo las mantas los sábados por la mañana.
Que me mires y me veas y sepas, sin saber.
Y nos sentamos,
durante horas y creo que ya casi ya casi ya casi ya casi ya casi.
Otras veces me
llamas y te siento y tu voz y tu tono y tus preguntas y las preguntas
que no hago.
Tu vida tu vida
tu vida y me pesa y mi vida y lo eres y lo soy.
No lo decimos
nunca y no lo decimos nunca y ya casi ya casi ya casi.
A la niña que lloraba en el probador
Tendrías trece años, tal vez. Te miraste al espejo, sin poder ocultar del todo lo que sobraba o faltaba. Nunca llegué a ver tu cara, pero no pude evitar recordar mi reflejo. No pude evitar imaginarme en ese mismo lugar, compartiendo el mismo cuerpo. Y cuando el silencio se vio interrumpido por tus lágrimas, que pincelaban el espejo en sus partes impuras, me encontré con mis ojos, separados de los tuyos por una pared y una cortina.
Hace ocho años era tú, con tus dudas y tu fragilidad, con la mirada fija en esos puntos y sin decir nada. Buscaba el reflejo, adicta a mi propia sentencia, y recorría mi pecho y mi vientre. Castigaba cada curva y cada línea. Mis manos cubrían las formas incompletas, las partes imperfectas que deseaba moldear. Trozos de algodón sobre las costillas y puntos de costura en las comisuras.
Hoy sigo siendo esa niña. Siento en el alma decirte que es muy difícil apagar esa voz mezquina. Siento en el alma no poder prometerte que olvidarás esas palabras, esos gestos, esas miradas que te harán perseguir una perfección inalcanzable, un vacío imposible de suplir.
Pero te juro que no estarán siempre ahí. Te juro que hay momentos en los que desaparecen, en los que verás en tu reflejo cómo tus comisuras se curvan hacia arriba. Cómo tu cuerpo se vuelve simplemente un cuerpo, y no un mecanismo que te escupa las mentiras que otros te han hecho creer.
Esos momentos son la única verdad. Persíguelos. Y aleja a quien los aleje.
Te fuiste de la tienda antes que yo, secándote las lágrimas y dejando la prenda dentro. Hace varios meses que sucedió, pero todavía pienso en ti en ocasiones. Todavía veo a esa niña en el espejo, veo tus ojos en los míos.
Aunque no siempre lo consigan, intentan sonreír por ti.
Hace ocho años era tú, con tus dudas y tu fragilidad, con la mirada fija en esos puntos y sin decir nada. Buscaba el reflejo, adicta a mi propia sentencia, y recorría mi pecho y mi vientre. Castigaba cada curva y cada línea. Mis manos cubrían las formas incompletas, las partes imperfectas que deseaba moldear. Trozos de algodón sobre las costillas y puntos de costura en las comisuras.
Hoy sigo siendo esa niña. Siento en el alma decirte que es muy difícil apagar esa voz mezquina. Siento en el alma no poder prometerte que olvidarás esas palabras, esos gestos, esas miradas que te harán perseguir una perfección inalcanzable, un vacío imposible de suplir.
Pero te juro que no estarán siempre ahí. Te juro que hay momentos en los que desaparecen, en los que verás en tu reflejo cómo tus comisuras se curvan hacia arriba. Cómo tu cuerpo se vuelve simplemente un cuerpo, y no un mecanismo que te escupa las mentiras que otros te han hecho creer.
Esos momentos son la única verdad. Persíguelos. Y aleja a quien los aleje.
Te fuiste de la tienda antes que yo, secándote las lágrimas y dejando la prenda dentro. Hace varios meses que sucedió, pero todavía pienso en ti en ocasiones. Todavía veo a esa niña en el espejo, veo tus ojos en los míos.
Aunque no siempre lo consigan, intentan sonreír por ti.
7 de Noviembre:
Me gustaría contarte que recuerdo la primera vez que escuché tu nombre, la primera palabra con la que te me dirigiste. De veras, te prometo que me encantaría. Pero no lo recuerdo. ¿Sabes? Siempre pensé que no olvidaría esas primeras veces; esas que nos muestran las películas con un filtro suave y a cámara lenta. Pero lo olvidé y lo siento. ¿Me perdonas? Sé que tú sí lo recuerdas, ¿cómo podrías olvidarlo? (Me doy cuenta de que repito mucho las palabras, es algo que se me ha dado muy mal siempre... Siempre. ¿Ves? Estoy intentando mejorar, pero creo que hay cosas que merece la pena decirlas muy seguido, como: "Hoy hace un día de piscina", "¡Estoy en casa!" o "Siempre". Vaya un paréntesis más largo... Prosigo.) Por eso me gustas tanto, te crees demasiado las películas. Así que, la próxima vez que nos veamos prométeme que me contarás esa historia. O la que tú quieras. Quiero escuchar tu voz y mirarte. Mirarte como se miran en las películas, hasta que nos aborrezcamos. Qué infravalorado está el aborrecerse, cuando hay muy pocas cosas que sean tan bonitas... Ojalá te tuviera tanto.
Aquí hace frío últimamente, pero estoy bien. Supongo que cuando ves gente a tu alrededor con... O más bien, cuando dejas de verla, aprendes a olvidar el frío. Pero a veces vuelve, de repente. Entonces pienso en los días de piscina, en tu vestido azul... Y te juro que desaparece. Me da miedo que tengas tanto efecto sobre mí. Pero temo aún más lo contrario, por si... ya sabes.
Hoy solo es un día más que tachar en el calendario.
Siempre tuyo,
Aquí hace frío últimamente, pero estoy bien. Supongo que cuando ves gente a tu alrededor con... O más bien, cuando dejas de verla, aprendes a olvidar el frío. Pero a veces vuelve, de repente. Entonces pienso en los días de piscina, en tu vestido azul... Y te juro que desaparece. Me da miedo que tengas tanto efecto sobre mí. Pero temo aún más lo contrario, por si... ya sabes.
Hoy solo es un día más que tachar en el calendario.
Siempre tuyo,
S.
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